domingo 10 de enero de 2010

¿Menos risa, menos problemas?

Llego a casa después de un largo viaje, llego a saludar a los vecinos y por la ventana de su casa observo que en nuestro jardín se está llevando a cabo la comida de generación de la prepa en la que estudié. Usualmente no me atraen esos eventos, pero teniéndolo en casa me acerco a saludar.

Beben cocacolas en vasos de colores brillantes y rotulados con sus nombres. Todos muy arreglados, las chicas llegan hasta con peinado de salón. Les pregunto: ¿por qué les entusiasma tanto recordar? la pasamos bien en la prepa, pero el presente es perfecto. Alguno de los compañeros me da una cátedra de la importancia del evento, lo escucho pero no me siento convencida.

Regreso con los vecinos y les platico lo sucedido, hacen preguntas, se mueren de risa. Recuerdo y les cuento: yo me reía todo el tiempo cuando estaba en la prepa. Posteriormente concluyo: ahora río menos, pero también me meto en menos problemas. Vecinos y yo nos quedamos pensando con seriedad.

domingo 27 de septiembre de 2009

FERTILIDAD

Desde muy niño, siempre me gustaron las casas de jardines amplios y con tejados color ocre. En las ideas y venidas de esos viajes familiares a Chosica, siempre me quedaba viendo, pegando mi rostro a la luna, esas inmensas casas. Sin embargo, este sueño, parece cada vez más lejano, en una ciudad donde las casonas han sido tumbadas, para ser remplazadas por apartamentos modelo sarcófago.

Pero un día, desperté en una casa de techos altos, de jardines grandes y tenía una piscina que más parecía una inmensa pecera. Para llegar a mi casa, corría todos los días por ese camino, asfaltado por los pasos del tiempo. Era un camino largo, sacado de un cuadro trastornado de Van Gogh.

Además, ese día el sol parecía como pintado por un niño de tres años. Era un amarillo artificial, pero acogedor. Y mi piscina - pecera, tenía a un enigmático Paiche, pez gigante y selvático. El paiche me miraba intrigado, y yo tocaba la piscina para distraerlo.

A. mi esposa, jugaba con los perros calatos en el jardín. Y un mágico chaman, me esperaba en las alturas del pueblo. Me quería entregar un amuleto de la fertilidad. Una cadena hecha de hojas secas que daría vida. Me lo entregó y salí corriendo a mi casa.

Mientras corría, el chaman me grito “¿cuántos hijos quieres tener?”, y señalándole con los dedos, le dije que cuatro. Cuatro hermosos hijos, que jueguen con el Paiche, que correteen con los perros calatos, y que sigan pintando con sus colores el camino y todos los soles de mi vida.

sábado 19 de septiembre de 2009

Contrastes

Abordo un avión, no sé bien a dónde. Una mujer me acompaña, no sé bien quién es. Aterrizamos y P. , la amiga de L., nos recoge en el aeropuerto. Ahora sé donde estoy: en Chile.

Llegamos a su casa, le ofrece una habitación con una sola cama muy pequeña a mi compañera, no se menciona si habrá un espacio para mí, pero no me preocupa demasiado: el paisaje es espectacular.

La casa está situada justo frente al mar, desértico, hermoso. Por la puerta trasera hay acceso a la playa, decido nadar en ella, al salir percibo ríos de nieve. Salgo descalza, siento el piso helado bajo mis plantas, continúo caminando atravieso un camino angosto y noto con absoluta conciencia el momento en que uno de mis pies pisa la cálida arena, mientras el otro permanece sobre la nieve helada. Me concentro en el contraste por unos instantes antes de echar a correr en pleno hacia el agua tibia del mar. Desde la orilla de la playa miro la casa de P, la nieve frente a ella, el camino al centro y la arena de la playa. Un paisaje dividido, un momento sublime, necesito fotografiarlo, ahora corro hacia la casa a buscar mi cámara sin poner atención en el cambio drástico de temperaturas, estoy sola y me cuesta encontrarla. Con cámara en mano me dirijo a la nieve-playa, cuando una ola enorme cubre el paisaje. Me zambullo en ella. Al poder mirar de nuevo ya no hay camino, ni playa, ni nieve, ni horizonte. Sólo un lodazal que lo cubre todo.

No pude tomar la foto y me invade una tristeza infinita. La visita en chile continúa y transcurre entre visitantes, fiestas, mucha comida y vino. Encuentro a personas del pasado, me alegra, ¿qué las trajo aquí?, ¿qué me trajo aquí? En todo momento mantengo mi cámara colgada al cuello y me sostengo firmemente de ella, la estoy pasando bien, pero siento la necesidad de asomarme por la por la puerta de manera frecuente con la esperanza de que el muro de lodo desaparezca y se revele, otra vez, mi horizonte de de hielo y fuego. Pronto tengo que volver a México y la barrera permanece.

No esperaré, tomaré en mis manos mis deseos y los haré suceder. Pido a todos su colaboración y comenzamos a escarbar el muro, derrumbarlo, desintegrarlo. Mi participación en la tarea es frenética, no puedo dejar este país sin llevarme almacenada esa imagen: un camino que divide el fuego del hielo y que a la vez les permite estar juntos.

10 a.m. termino de domir, no tengo mi foto, pero conservaré el sueño.

viernes 15 de agosto de 2008

CORRE JORGE CORRE!!!

1

En ese día en particular, la noche llego rápida y fría.

Yo vivía en el centro de la cuidad, donde las casonas han aprendido a contar los días que le quedan para ser derrumbadas. En esa ciudad mi familia tenía una tienda de anticuarios. Yo usaba un delantal y ayudaba entusiastamente a pesar de que casi ya no teníamos clientes. Mi madre siempre estaba detrás del mostrador y I. nos visitaba cada semana, para preguntarme si aún me gusta dibujar en el aire.

Yo tenía un parche al lado izquierdo del rostro, justo debajo de mi patilla. No recordaba porqué lo tenía. Solo recordaba, que debajo tenía una gran cicatriz.

La puerta de la tienda se abrió y sonó la campanilla que de ella se colgaba. Un hombre de terno blanco y sombrero panameño entro, sin decir palabra alguna, se acerco a mí, me apunto con un arma y me disparo al rostro, justo debajo de mi parche.

Sentí como me desvanecía, como mis ojos se cerraban, como la luz se apagaba. Mi cuerpo se desplomó y un llanto escuche a mi lado. I. se acercó y con una sonrisa le pedí que me pusiera un halls negro en mi boca, quería sentir mi aliente fresco.

2

Reía en la tienda con mi madre y ella. La puerta sonó y me puso en posición de atención. Un tipo con sombrero se acerco, y yo saque una pistola. El corrió y yo fue detrás de él. Salí corriendo, corrí sin parar, cruce la pista y reconocí al hombre del sombrero.

Me acerqué y saque una pistola de mis pantalones. Lo apunte y le disparé tres veces. Corrí hacía una ancha avenida y de una de las calles un amigo de la infancia apareció. Corrimos juntos, me dirigió hacia un gran parque y me dijo “este lugar es muy peligroso, nadie nos seguirá hasta aquí”. Quería agradecerle, preguntarle por su vida, por su aparición repentina justo en este momento, pero solo lo pensé y seguí corriendo.

El parque no parecía tener fin y yo seguí corriendo al lado de mi amigo de infancia, sin saber porque corría a mi lado.

3

Me miró al espejo y tengo un sucio parche al lado de mi oreja justo debajo de mi patilla. Abro la boca y debajo de mi lengua aparece un halls negro a medio gastar. Salgo y empiezo a correr. Se me hace tarde para ayudar en la tienda a mi madre.

miércoles 6 de agosto de 2008

Totalmente palaciooo...completamente dormida

Ayer fui a pagar mi tarjeta de crédito del Palacio de Hierro, la tienda departamental más nice de la ciudad. Me di cuenta de que ya liquidé el viaje a Cuba que hice el verano pasado, el cual pagué a 12 mensualidades sin intereses. Eso me hizo reflexionar que tengo el saldo suficiente para comprarme una computadora nueva, justo ahora que hay una promoción de 20% de descuento a 18 mensualidades sin intereses y comenzando a pagar en noviembre con mi tarjeta palacio.

Así que decidí dirigirme a la segunda planta a ver los precios de las laptops, todas se me antojaron, sobre todo las más caras. Se ven tan lustrosas y potentes, fabulosas al lado de mi carcacha actual. Me informaron que la promoción terminaba al dia siguiente . Así que tenía esa noche para pensarlo, ya que mis finanzas no están en su mejor momento y es un gasto fuerte, aunque sea mensual, no inmediato y sin interés alguno. Me acosté y puse el despertador ocho en punto, al otro día no tenía que ir al trabajo, así que me dormí considerando la posible compra del aparato nuevo.

Abro los ojos antes de que el despertador suene, quiero ser la primera en entrar al Palacio de Hierro, he decidido comprar mi lustrosa Lap Top. Me doy prisa, tanta, que olvido quitarme la piyama, lavarme la cara y cepillar mi pelo. Me doy cuenta de mis fachas ya en el auto, pero no importa, es tan temprano que seguro no me encuentro a nadie.

Llego y la tienda está hasta su madre, todomundo madrugó, nimodo, haré como si anduviera de lo más elegante, en este mundo lo que cuenta es la actitud. Me atiende una vendedora, no de muy buena gana. Le pregunto: "por qué me trata así, ¿no me cree que voy a comprar?". Sonríe y me muestra los diversos modelos, me convence de comprar una computadora de escritorio, que tiene un buen precio (9,00o pesos/900USD) y además un monitor gigantesco, perfecto para mi debilidad visual.

Luego de hacer el pago la vendedora me invita una Margarita en el bar de la tienda, no dejo de pensar en que me urge estrenar mi nueva asquisición, pero decido brindar antes por ella, aunque debo confesar que comienzo a sentirme ya bastante apenada por la piyama y las pantuflotas. Llega el gerente de área, muchacho alto y bastante guapetón y me felicita por mi computadora Termino mi bebida y cuando voy dejando la tienda, la vendedora me alcanza corriendo, me explica que el gerente quiere hablar conmigo. Regreso a la tienda y cada vez hay más gente que no deja de observar mi piyama, lo cual me dificulta mantener una actitud elegante.

El gerente me ofrece un trabajo en la tienda, al parecer me encontró dotes de vendedora y menciona que mis conocimientos de cómputo me favorecerán en tal labor, estoy pensando en cómo decirle "no muchas gracias", cuando me explica que me pagará 4 veces más que mi sueldo actual. Entonces sí comienzo a considerar la oferta, total vender computadoras no debe ser tan malo, comienzo a visualizarme con mi uniforme vende que vende, cuando en medio de tal meditación suena el despertador.

Ya con la luz del sol, decidí que no es prudente comprar una computadora en este momento, pero un trabajo con ese sueldo que bien me caería!!! veamos que me depara este día.

martes 5 de agosto de 2008

Ciudad de Dios

Eran ya las 8.00 a.m. y tenía que ir a mi casa a alistarme para ir al trabajo. Había pasado la noche con ella y no quería levantarme. Marmoteo amoroso. “Ya son las 8.00 amor, levántate”. Aún con legañas en los ojos, me coloque los jeans, las zapatillas y una casaca negra gastada. Me dirigí al baño y me lave rápido la cara. Baje y ella me despidió de la puerta, con un beso volado.

Camine, tome un taxi. De pronto, mi barrio, no me era conocido. No había pistas y la mayoría de las casas estaban sin acabados. Del asiento trasero del taxi, divise a lo lejos, varias personas corriendo y un grupo de soldados disparando a las casas. Nos miramos con el taxista y decidimos cambiar de ruta. Busque mi celular para alertar a mi familia, pero no aparecía ningún número. ¡Mierda!

Volteamos hacía la izquierda en un camino que se iba reduciendo. “Pare aquí señor, cóbrese”. Baje corriendo y subí corriendo a mi extraña casa. Mi cuarto estaba en el tercer piso y no tenía ventanas. Mientras me cambiaba y me ponía ese clásico saco marrón, gastado en los puños y codos, volví a escuchar balazos y gritos. Me tiré al piso y vi la hora, 9.00 a.m. Tengo que llamar a mi trabajo, no podré salir, mañana quizás iré. Cogí el celular y llame al trabajo. Empezó a sonar, sonar, contesta, contesta…

(Suena el despertador) “No iras a trabajar, son las 9.00”. Tuve un sueño muy raro amor, te lo cuento por la noche.

*El titulo es tomado de la película brasilera dirigida por Fernado Meirelles.

sábado 2 de agosto de 2008

Los viejos a la tumba, los jóvenes al poder

Estábamos al interior de un gran almacén, en el techo había dos tragaluces, que iluminaban perfecto el lugar. Había mucha gente reunida, parecían granjeros o agricultores, en su mayoría jóvenes.

Yo era parte de una comitiva especial. Éramos 5 personas, una de ellas, el presidente de la república. Él empezó a dar un pequeño discurso, sobre los avances del país, la importancia del desarrollo rural y de la mejora de los pueblos.

Los presentes escuchaban en silencio. Los hombres se habían sacado el sombrero y lo tenían sostenida por sus manos, pegado al pecho. Las mujeres, con sus largos cabellos y sus largos vestidos, cargaban a sus hijos para que no lloraran.

Terminando el pequeño discurso, el presidente dice “he venido con parte de mi equipo, para que lo conozcan, ellos se irán presentando, Jorge, empieza tu”. Yo que andaba concentrado en la gente, me tomó por sorpresa.

Empecé tartamudeando y los presentes a rumorear. Levante la voz y salude a todos. “Hola a todos los presentes, estoy feliz de estar con ustedes, mi nombre es Jorge J.L. soy sociólogo y he trabajado en temas educativos por mucho tiempo” De pronto, los rostros de los presentes, sus miradas, empezaron a darme más confianza y con un estilo populista continué, “veo que la mayoría son jóvenes, el motor de nuestro país. Jóvenes fueron los protagonistas de las revueltas estudiantiles en Mayo del 68, jóvenes fueron los que lucharon contra la dictadura de nuestro país, jóvenes los que soñaron con un país más justo”

Seguí el discurso con los ojos cerrados, levantando los brazos, haciendo figuras con las manos. Cuando abrí los ojos, no había nadie. Mi equipo estaba ahí viéndome con cara de odio y el presidente muy enojado. De pronto, se escucharon aplausos. El sonido venía de unos árboles que estaban a los alrededores del almacén, ahora la gente estaba escuchando desde ahí.

Luego el presidente, con voz firme dijo, “ahora Mónica, hará su presentación, se breve por favor…” La gente empezó a bajar de los árboles. Yo me quede mirando el tragaluz, empezaba a anochecer.

* El titulo es una frase de Manuel González Prada